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Entrevista Aida Jugar y leer

Entrevista Aida Jugar y leer
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Entrevista Aida Jugar y leer

Hoy conocemos a la persona que está detrás de la cuenta “@jugar_y_leer”, Aïda. Ella se presenta como maestra y divulgadora de juegos de mesa como herramienta educativa. Su proyecto Jugar y Leer promueve el uso de los juegos de mesa en el aula, para infantil y primaria, y también como recurso familiar.

 

  1. ¿Quién hay detrás del proyecto Jugar y Leer? ¿Podrías contarnos brevemente quién es Aïda y cómo llegaste al mundo de la educación y los juegos de mesa?

Detrás del proyecto Jugar y Leer estoy yo, Aïda Márquez Bonet: madre, maestra y actualmente directora en una escuela pública de Barcelona. Siempre he sido una persona muy jugona, curiosa y creativa, y supongo que esa manera de ser es la que me ha llevado a buscar constantemente nuevas formas de aprender y de enseñar.

Mi relación con los juegos de mesa empezó de forma muy natural, en casa, jugando con mi hijo Jan. Hace ya más de ocho años me di cuenta de todo lo que ocurría alrededor de una partida: conversación, estrategia, negociación, gestión de la frustración, toma de decisiones… y pensé que tenía muchísimo valor educativo. Así fue como empecé a introducir los juegos de mesa en mi aula.

En paralelo nació Jugar y Leer. Al principio no era más que un pequeño canal donde compartía los juegos que me funcionaban tanto en casa como en clase, casi como un lugar donde dejar anotadas recomendaciones por si podían servir a otras familias o docentes.

Con el tiempo, aquello que empezó siendo algo muy pequeño fue creciendo en dos direcciones. Por un lado, dentro de la escuela, hasta convertirse en un proyecto de centro basado en el Aprendizaje Basado en Juegos que ya lleva cinco años formando parte de nuestra manera de aprender. Y por otro lado, Jugar y Leer también fue creciendo como proyecto de divulgación, desde el que intento compartir experiencias, reflexiones y juegos que pueden ayudar a introducir el juego en contextos educativos.

Actualmente también realizo formaciones sobre Aprendizaje Basado en Juegos para docentes que quieren empezar a introducir los juegos de mesa en el aula. En ellas comparto mi experiencia, cómo lo hemos implementado en la escuela y algunas recomendaciones prácticas para empezar. 

Además, este último año, 2025, ha sido especialmente significativo para mí porque también me he estrenado como autora de juegos de mesa, dando un paso más dentro de este mundo que tanto me apasiona.

 

  1. ¿Qué es para ti el “ABJ” o Aprendizaje Basado en Juegos?, ¿Qué diferencia hay con la “gamificación”?

Para mí el Aprendizaje Basado en Juegos (ABJ) consiste en utilizar el juego como experiencia de aprendizaje en sí misma. No se trata de jugar al final de la clase como premio, sino de aprender mientras se juega. En una partida aparecen de forma natural muchos procesos importantes: pensar estrategias, tomar decisiones, negociar, comunicarse, respetar turnos o gestionar la frustración. El aprendizaje surge dentro de la propia dinámica del juego.

La diferencia con la gamificación es que en el ABJ el juego es el medio a través del cual se aprende. En cambio, la gamificación toma elementos del mundo del juego —como puntos, retos, niveles o recompensas— y los aplica a actividades que en realidad no son juegos, con el objetivo de hacerlas más motivadoras.

En resumen, en el ABJ utilizamos juegos reales para generar aprendizaje, mientras que en la gamificación utilizamos mecánicas de juego para motivar otras actividades.

 

  1. Desde tu experiencia con juegos de mesa en el aula y en casa, ¿crees que los juegos cooperativos y los juegos competitivos aportan habilidades diferentes? Si es así, ¿qué habilidades destacarías en cada tipo y cuándo prefieres utilizar uno u otro.

Sí, creo que ambos tipos de juegos aportan aprendizajes distintos y por eso me gusta mucho combinarlos, tanto en casa como en el aula.

Los juegos cooperativos suelen favorecer mucho la comunicación, la escucha y la toma de decisiones compartida. El grupo tiene un objetivo común y eso hace que las personas participantes tengan que pensar juntas, ayudarse y valorar las ideas de los demás. Son muy útiles cuando queremos trabajar la cohesión del grupo, el sentimiento de equipo o cuando estamos empezando a jugar con un grupo que aún necesita aprender a colaborar.

Los juegos competitivos, en cambio, también aportan aprendizajes muy interesantes. Ayudan a trabajar la estrategia, la planificación o la toma de decisiones individuales. Además, muchas veces implican intentar anticipar qué puede estar pensando o planeando la otra persona, ponerse en su lugar y prever sus movimientos. Y por supuesto también permiten trabajar algo muy importante: aprender a ganar y a perder y gestionar la frustración.

Por eso no creo que uno sea mejor que el otro. Simplemente ofrecen experiencias diferentes y, bien acompañados, ambos pueden ser muy enriquecedores. En el aula suelo alternarlos según el momento del grupo y el tipo de habilidades que queremos trabajar.

 

  1. ¿Qué es lo que tienes en cuenta para elegir un juego para las clases?

Cuando elijo un juego para el aula no busco necesariamente un juego “educativo”, sino un buen juego que tenga sentido dentro del momento de aprendizaje que estamos viviendo. Lo primero que me pregunto es qué quiero que ocurra mientras jugamos: si quiero trabajar la comunicación, la toma de decisiones, el cálculo, la lectura, la estrategia o incluso la gestión de la frustración, entre muchos más.

También tengo muy en cuenta que el juego sea accesible para el grupo: que las reglas se puedan entender con relativa facilidad, que la duración encaje dentro del tiempo de aula, que contenga muchos componentes que fácilmente se pueden perder y que todas las personas puedan implicarse de verdad en la partida.

Otro aspecto importante es que el juego genere conversación. Me interesa que durante la partida tengan que pensar, negociar, explicar qué están haciendo o justificar decisiones. Muchas veces el aprendizaje no está solo en el juego en sí, sino en todo lo que pasa alrededor de la partida.

Y por último, valoro mucho que sea un juego que invite a volver a jugar, porque cuando algo se repite es cuando realmente aparecen las estrategias, la reflexión y el aprendizaje más profundo.

 

  1. ¿Hay alguna forma de evaluar el impacto educativo de los juegos de mesa? 

Sí, aunque muchas veces no se evalúa de la manera tradicional a la que estamos acostumbrados. En el Aprendizaje Basado en Juegos gran parte de la evaluación pasa por la observación de lo que ocurre durante la partida. 

Mientras juegan se pueden ver muchas cosas: cómo toman decisiones, cómo se comunican, cómo gestionan la frustración cuando algo no sale como esperaban o qué estrategias utilizan para resolver una situación. Todo eso da mucha información sobre los procesos de aprendizaje que están ocurriendo. El juego genera situaciones muy reales donde el alumnado tiene que pensar, adaptarse y actuar, y eso permite observar habilidades que a veces no aparecen tan claramente en otras actividades más dirigidas.

También es muy interesante generar pequeños espacios de reflexión después de jugar. Preguntar qué ha pasado durante la partida, qué estrategia les ha funcionado mejor, qué decisiones han tomado o qué harían diferente la próxima vez. Estas conversaciones ayudan a tomar conciencia de lo que han aprendido y permiten que el alumnado ponga palabras a sus propios procesos de pensamiento.

En algunos casos también se pueden utilizar herramientas más estructuradas, como rúbricas sencillas, registros de observación o pequeñas autoevaluaciones. No tanto para evaluar el juego en sí, sino para observar aspectos como la participación, la capacidad de planificación, la cooperación o la resolución de problemas.

Pero muchas veces el impacto más interesante se percibe con el tiempo. Cuando el juego se integra de forma habitual en el aula empiezan a aparecer cambios muy significativos: alumnado que se atreve más a participar, que aprende a esperar turnos, que coopera mejor con los demás o que empieza a pensar de manera más estratégica. Son aprendizajes que se construyen poco a poco y que el juego facilita de una forma muy natural.

 

  1. ¿Puedes contarnos un ejemplo de algún juego que hayas introducido en el aula y cómo lo hiciste?

Un ejemplo que me gusta explicar es una situación de aprendizaje que realizo a partir del juego Palabrea para trabajar la lengua en primaria. Utilizo el juego como punto de partida para desarrollar vocabulario, conciencia ortográfica, agilidad verbal y trabajo en equipo.

Para que toda la clase pueda participar al mismo tiempo, proyecto el juego en la pantalla del aula utilizando una cámara cenital. De esta forma todas las personas ven las cartas a la vez. El alumnado se organiza en pequeños grupos y cada grupo tiene una hoja donde va anotando sus respuestas.

La dinámica es sencilla: las cartas del juego tienen por un lado una categoría —por ejemplo animales, ciudades o comida— y por el otro varias letras con colores diferentes. Cuando giro una carta, cada grupo debe pensar palabras que encajen con la categoría y que empiecen por la letra del color correspondiente a la categoría. Tienen un tiempo limitado para escribir tantas palabras como puedan y después ponemos las respuestas en común. Las palabras que no se repiten entre grupos son las que suman puntos.

Lo que más me gusta de esta actividad es todo lo que se genera alrededor del juego. El alumnado aprende nuevo vocabulario, pero también toma conciencia de la ortografía, porque si una palabra no está bien escrita se invalida. Además, el juego es muy flexible: se puede jugar en un idioma concreto o incluso combinar varios, según el objetivo que tengamos.

También permite mucha adaptación por parte del docente, que puede seleccionar las categorías o incluso inventar nuevas que encajen con lo que se está trabajando en clase.

Y al jugar en grupo se adapta muy bien a la diversidad del aula. Siempre hay distintas formas de participar: habrá quien escriba, quien proponga palabras, quien escuche y aprenda o quien ayude a revisar si están bien escritas. Cada persona participa desde su nivel, pero todas forman parte de la actividad.

Por eso una simple partida acaba convirtiéndose en una experiencia de aprendizaje muy rica, donde el alumnado se implica mucho y aprende lengua de una manera muy natural.

 

  1. Vemos que has impartido algunas charlas: por ejemplo, "Me gusta jugar, ¿jugamos en el aula"? en el Festival del Joc del Pirineu sobre cómo integrar el juego en la enseñanza. ¿Nos podrías contar por qué es interesante conectarlo?

Para mí es interesante conectar el juego con la enseñanza porque el juego es una forma muy natural de aprender. Los niños y niñas aprenden jugando desde muy pequeños: experimentan, prueban, se equivocan, vuelven a intentar… y todo eso forma parte del aprendizaje.

Cuando llevamos el juego al aula conseguimos generar situaciones de aprendizaje muy ricas y significativas. Durante una partida el alumnado tiene que pensar, tomar decisiones, comunicarse, anticipar qué puede pasar o adaptarse cuando algo no sale como esperaba. Son procesos muy valiosos que muchas veces aparecen de forma mucho más espontánea cuando se juega.

Además, el juego tiene un componente motivador muy potente. El alumnado se implica, quiere participar, quiere volver a intentarlo y mejorar su estrategia. Y cuando existe esa motivación, el aprendizaje suele ser mucho más profundo.

También creo que el juego ayuda a desarrollar muchas habilidades que van más allá del contenido curricular: la gestión de la frustración, la cooperación, la escucha o la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Por eso me gusta decir que jugar no es solo divertirse, sino una manera muy completa de aprender. Cuando el juego entra en el aula, el aprendizaje se vuelve más activo, más participativo y, sobre todo, más significativo.

 

  1. ¿Qué es lo que crees que tiene que tener un juego para que sea interesante para llevar al aula?

Para mí un juego interesante para llevar al aula es, sobre todo, un juego que genere pensamiento. Es decir, que invite al alumnado a tomar decisiones, plantear estrategias o resolver pequeños retos mientras juega.

También es importante que genere interacción entre las personas participantes. Los juegos que provocan conversación, que hacen que tengan que explicar lo que están pensando, ponerse en el lugar del otro o tomar decisiones conjuntamente suelen generar aprendizajes muy ricos.

Otro aspecto que valoro mucho es que sea sencillo de gestionar en el aula. Suelo priorizar juegos con pocos componentes, porque en una clase es fácil que alguna pieza se pierda y eso puede impedir seguir jugando. Cuando el juego tiene pocos elementos es más fácil de preparar, recoger y reutilizar con diferentes grupos.

Además, me gustan los juegos que permiten adaptaciones. En el aula siempre hay diversidad y es interesante que el juego se pueda ajustar: jugar por equipos, modificar tiempos, introducir pequeñas variantes o enfocar la partida hacia el objetivo que queremos trabajar.

Y, por último, algo clave: que sea un juego que enganche. Cuando el alumnado quiere volver a jugar es cuando realmente aparecen las estrategias, la reflexión y el aprendizaje más profundo.

 

  1. ¿Has notado una evolución en el mundo del ABJ, en concreto en los docentes?

Sí, creo que se ha producido una evolución clara en los últimos años. Cuando yo empecé a introducir juegos de mesa en el aula, las personas que lo hacíamos éramos “las raras” y las más frikis del claustro. Muchas veces se veía el juego como una pérdida de tiempo o como algo poco serio dentro del aprendizaje, como si jugar y aprender fueran cosas separadas.

Con el tiempo esta mirada ha ido cambiando. Cada vez hay más docentes interesados e interesadas en metodologías activas y en generar experiencias de aprendizaje más participativas. En ese contexto, el juego ha ido encontrando su lugar porque permite trabajar muchas habilidades de forma muy natural: pensamiento estratégico, comunicación, toma de decisiones, cooperación o gestión de la frustración.

También creo que ha ayudado mucho la evolución del propio mundo de los juegos de mesa. Hoy existe una gran diversidad de juegos, con mecánicas muy interesantes, que facilitan encontrar propuestas que encajan muy bien con distintos objetivos educativos.

Aun así, todavía estamos lejos de que todo el profesorado lo vea de esta manera. Sigue habiendo cierta idea de que jugar y aprender son cosas diferentes. Pero cada vez que un docente se anima a probarlo y observa lo que ocurre en el aula durante una partida, suele descubrir que el potencial educativo del juego es mucho mayor de lo que imaginaba.

 

  1. ¿Qué consejo darías a maestros o familias que quieren incorporar más juegos en su día a día pero no saben por dónde empezar?

Para mí hay un punto de partida muy claro: primero hay que jugar como docente. Es difícil sacar todo el potencial educativo de un juego si antes no lo has experimentado en primera persona. A partir de ahí, hay muchas maneras de empezar a descubrir juegos. Ir a ferias o eventos donde se pueden probar juegos nuevos es una muy buena forma de conocer propuestas diferentes. También ayudan mucho los vídeos explicativos, como los de Zacatrus, que permiten hacerse una idea bastante clara de cómo funciona un juego y si puede encajar con lo que estás buscando.

Otra vía muy interesante es escuchar a otras personas que ya lo están haciendo. Hay muchos divulgadores y docentes que comparten sus experiencias, recomiendan juegos o explican cómo los utilizan en el aula. También existen libros escritos por maestros y maestras que llevan tiempo trabajando con juegos de mesa y que explican cómo incorporarlos en el aprendizaje. Y, por supuesto, las formaciones sobre Aprendizaje Basado en Juegos ofrecen una primera guía para empezar con más seguridad.

En el caso de las familias, el consejo es todavía más sencillo: jugar juntos. No hace falta buscar juegos educativos ni convertir cada partida en una actividad pedagógica. Lo importante es compartir ese momento, conversar, tomar decisiones y disfrutar del juego. Poco a poco irán apareciendo muchas cosas: nuevo vocabulario, estrategias, gestión de la frustración o respeto por los turnos.

Al final, tanto en la escuela como en casa, todo empieza igual: sentándose a jugar. Y a partir de ahí, el aprendizaje aparece de una manera muy natural.

 

  1. ¿Dónde pueden los lectores encontrarte y cómo pueden colaborar contigo o aprender de ti?

Pueden encontrarme principalmente en Instagram, en el proyecto Jugar y Leer. Es el espacio donde más me muevo y donde comparto todo lo que tiene relación con los juegos de mesa.

Allí voy mostrando muchas de las cosas que forman parte de este proyecto: juegos que me gustan y que funcionan bien en el aula o en casa, pequeñas reseñas, vídeos explicando cómo se juegan o experiencias que vivo con ellos. También comparto los juegos a los que estoy jugando en ese momento, ferias o eventos que visito y que pueden ser interesantes tanto para docentes como para familias. Además, es el lugar donde voy anunciando las formaciones sobre Aprendizaje Basado en Juegos que realizo y otras actividades relacionadas con el mundo del juego de mesa.

También formo parte del Club Dante, una comunidad dedicada a la divulgación de juegos de mesa, donde colaboro realizando reseñas y recomendaciones. Allí hablo tanto de juegos infantiles como de juegos para público adulto, explicando cómo funcionan, qué sensaciones generan al jugar y para qué tipo de personas o momentos pueden encajar mejor.

En definitiva, intento que estos espacios se conviertan en un punto de encuentro donde compartir experiencias, descubrir juegos nuevos y seguir demostrando que el juego puede ser una herramienta muy potente para aprender y disfrutar juntos.